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Alcohol y salud mamaria: el impacto silencioso en tus hormonas

cáncer de mama y alcohol
“El alcohol no solo afecta el aparato gastrointestinal: descubre su impacto en tus hormonas y el riesgo de cáncer de mama.”

En el caso del cáncer de pulmón, es evidente que fumar es un factor de riesgo importante. Sabemos que las sustancias nocivas afectan principalmente a los órganos con los que tienen más contacto: los pulmones. Sin embargo, aplicamos menos este mismo razonamiento al comer o beber. Pero también aquí existe un patrón: los tejidos que entran en contacto directo con el alcohol —desde la boca hasta los intestinos— tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar cáncer. Por ello, el consumo de alcohol aumenta la probabilidad de cáncer en la boca, la garganta, la laringe, el esófago, el hígado y el colon.


Sin embargo, el alcohol también incrementa el riesgo de cáncer de mama, aunque este no forme parte del sistema digestivo. ¿Cómo es posible? ¿Por qué el alcohol aumenta el riesgo de cáncer en tejidos con los que no tiene contacto directo?


El alcohol eleva el riesgo de cáncer de mama de varias formas. Un factor clave es que aumenta los niveles de estrógeno. Al consumir alcohol, se incrementa la cantidad de estrógeno en la sangre, lo que a su vez favorece el desarrollo de tumores sensibles a hormonas.


El hígado juega un papel crucial en este proceso. Es el órgano principal encargado de eliminar sustancias tóxicas, incluido el alcohol y el exceso de hormonas como el estrógeno. Cuando tomamos, el hígado prioriza la descomposición del alcohol, lo que puede reducir temporalmente su capacidad de procesar otras sustancias, incluyendo el estrógeno. Esto provoca una acumulación de estrógeno en la sangre.


Además, el alcohol puede estimular la actividad de la enzima aromatasa, que convierte andrógenos en estrógeno, aumentando aún más la producción de esta hormona.


Este mecanismo es especialmente relevante en tipos de cáncer dependientes de estrógeno, como el cáncer de mama ER+. Por ejemplo, este estudio muestra que el alcohol eleva el riesgo de ciertos subtipos de cáncer de mama, incluyendo los impulsados por estrógeno (ER+).


¿Cómo funciona exactamente? El estrógeno favorece el crecimiento de tumores sensibles a hormonas al unirse a los receptores de estrógeno en las células cancerosas. Puedes imaginar estos receptores como puertas: cuando el estrógeno se une, la puerta se abre y la célula recibe señales con un mensaje, en este caso que la incitan a dividirse. La unión al receptor alfa de estrógeno (ERα) activa rutas que estimulan la división celular, precisamente lo que las células cancerosas necesitan para multiplicarse.


Un estudio de grande, con participación de la Harvard School of Public Health, mostró que incluso cantidades pequeñas de alcohol, como 3 a 6 vasos por semana, aumentan el riesgo de cáncer de mama. No importa si se consume temprano o tarde en la vida: ambos momentos cuentan. Lo que más influye es el total de alcohol consumido a lo largo de la vida: a mayor consumo acumulado, mayor riesgo.


Si decides beber, procura consumir la menor cantidad posible. Elige el vaso más pequeño y acompaña la bebida con agua. Esto no ayuda a tu hígado a metabolizar el alcohol mejor, pero sí reduce la cantidad que consumes porque ahora tenes un vaso de agua en tu mano.


El porcentaje de alcohol de la bebida no necesariamente es lo más importante; lo que cuenta es la cantidad de etanol que ingieres. Por ejemplo:

·       Un vaso estándar de whisky (40 ml, 40% alcohol) contiene unos 16 ml de etanol puro.

·       Un vaso mediano de cerveza (330 ml, 5% alcohol) contiene aproximadamente 16,5 ml de etanol puro.


El efecto es prácticamente el mismo por vaso; la diferencia está en el tamaño del vaso y en la cantidad total que uno toma.


Otro aspecto a tener en cuenta es el efecto sobre la glucosa en sangre. Algunas bebidas, como la cerveza, los cócteles dulces, los licores y los vinos de postre, provocan picos de glucosa alto en sangre, lo que favorece el crecimiento de las células cancerosas. Bebidas como el vino seco o licores fuertes tienen un menor impacto.


Algunas personas prestan atención a los polifenoles del alcohol, como el resveratrol del vino tinto, que posee ciertas propiedades anticancerígenas. Sin embargo, es mejor obtener estos compuestos de alimentos saludables, como las uvas oscuras, y no usar el alcohol como excusa para consumir resveratrol, ya que las cantidades en vino son muy pequeñas y poco absorbibles por el cuerpo.


En resumen, lo más saludable es no beber alcohol. Si decides hacerlo, hazlo con moderación: elige bebidas que no eleven demasiado el azúcar en sangre, utiliza un vaso de tamaño pequeño y acompaña la bebida con agua. Limita la frecuencia y reduce progresivamente el consumo para minimizar los efectos nocivos del alcohol sobre tu cuerpo.



“Si decides tomar alcohol, usa un vaso pequeño en lugar de uno grande.”

 
 
 

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