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¿Una copa por día: placer saludable o hábito perjudicial?

Una copa de vino o una cerveza rara vez se asocia con algo malo para la salud; más bien se ve como algo que “va con la vida” — inofensivo, siempre y cuando sea con moderación.


La costumbre de tomar alcohol está instalada desde hace siglos: en la antigüedad los griegos lo usaban en rituales, en la Edad Media era considerado más seguro que el agua potable, y entre germanos y celtas, tomar grandes cantidades incluso simbolizaba fuerza y estatus.


Hoy en día, el alcohol está tan integrado en lo cotidiano que parece imposible imaginarse la vida sin él: una copa de vino con la comida, una cerveza al terminar de trabajar, un momento para relajarse o aliviar el estrés. Para mucha gente, forma parte de su rutina diaria.


Pero, ¿es eso realmente malo para la salud? Casi todo el mundo escuchó alguna vez que una copa de vino tinto por día sería buena para la salud cardiovascular. Esa idea se basa en lo que se llamó la paradoja francesa, the franse paradox, de los años 90: el fenómeno de que los franceses, pese a consumir una dieta alta en grasas saturadas (quesos, manteca, carne), tenían una baja tasa de enfermedades cardiovasculares. El vino tinto que tomaban con las comidas se señaló como una posible explicación — y así surgió la hipótesis de que el vino tinto protegía al corazón, incluso dentro de esa dieta.


En la ciencia, a menudo se encuentra lo que se llama una relación en “forma de J” entre el consumo de alcohol y el riesgo cardiovascular. Esto quiere decir que el consumo moderado se asocia con menor riesgo que no tomar nada, mientras que tomar mucho sí eleva el riesgo.


Un ejemplo es este artículo científica  británico masivo de 2025 con 407.014 participantes (hombres y mujeres de un promedio de 56 años) que fueron seguidos durante 12 años. Los investigadores analizaron el vínculo entre el alcohol y el riesgo de insuficiencia cardíaca. Los resultados mostraron que las mujeres que tomaban una copa de vino por día, y los hombres que tomaban dos copas de alcohol diarias, tenían un 20% menos de riesgo que los abstemios. El vino fue la bebida con mayor efecto protector. En mujeres el consumo de cerveza, incluso moderado, aumentaba el riesgo de insuficiencia cardíaca: hasta un 29% más que las personas que tomaban alcohol.


Las explicaciones posibles para el efecto protector del alcohol moderado incluyen su capacidad de fluidificar la sangre — ya que inhibe la coagulación, lo que reduce el riesgo de coágulos, infartos o un ACV. También eleva el colesterol bueno HDL y en el caso del vino tinto, se mentiona el resveratrol, un antioxidante vegetal, que se ha asociado a posibles beneficios.


Sin embargo, este estudio era una cohorte prospectiva, lo cual significa que solo se puede hablar de asociaciones, no de causa y efecto. Es llamativo que, en este tipo de estudios, las personas que no toman alcohol muchas veces parecen tener más riesgo de enfermedad cardiovascular que las personas que toman alcohol en moderación. ¿Cómo se explica eso?


El diseño del estudio cumple un rol clave. Muchas veces no se sabe bien quiénes son los bebedores moderados o los que no beben. Es probable que los bebedores moderados, en general, también tengan otros hábitos saludables — por ejemplo, una vida social activa o una buena alimentación — factores que también podrían explicar el menor riesgo. Por otro lado, entre las personas que no toman alcohol puede haber personas que dejaron de tomar por motivos de salud: enfermedades, medicamentos o antecedentes de abuso de alcohol. Estas variables hacen que los abstemios, en promedio, tengan peor salud, lo que podría explicar el riesgo más alto. No siempre se trata de personas sanas que no tomaron alcohol. Por eso, el consumo moderado parece más favorable de lo que realmente podría ser.


Un artículo científico de 2022 apuntó justamente a este problema: las cohortes no son la mejor herramienta para estudiar con fiabilidad los efectos del alcohol sobre la salud cardiovascular. El estándar de oro sería un ensayo clínico controlado y aleatorizado (RCT), donde se asigna al azar a personas a un grupo que bebe o que no bebe. Pero eso es complicado: no es ético obligar a alguien a tomar alcohol durante años. Además, muchos de los efectos dañinos del alcohol aparecen recién a largo plazo, y los RCT suelen durar poco tiempo. Pero supongamos que la hipótesis es cierta: que una copa de vino tinto al día es buena para el corazón. ¿Esto significa que también es saludable para el resto del cuerpo?

Un cardiólogo podría, basándose en esos datos, recomendarte un vaso de vino tinto por día. Pero, ¿y el resto de los médicos?


Un neumonólogo sabe que el alcohol debilita el sistema inmune y aumenta el riesgo de infecciones respiratorias como la neumonía. Un endocrinólogo ve cómo el alcohol afecta la regulación del azúcar en sangre, sobre todo en personas con (pre)diabetes. Un hepatólogo — especialista en el hígado — sabe que incluso pequeñas cantidades de alcohol lo pueden dañar. ¿Y un oncólogo? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), hay pruebas científicas sólidas de que el alcohol aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer: de boca, garganta, esófago, hígado, colon, y también cáncer de mama. Para un oncólogo, el alcohol está lejos de ser saludable.


Tal vez una copa diaria de vino tinto ayude a reducir el estrés o los problemas cardiovasculares — lo cual no es menor. Pero al mismo tiempo, aumenta el riesgo de muchas otras enfermedades. Y no podemos elegir qué enfermedad nos va a tocar a largo plazo. Por eso, es mejor buscar maneras más sanas de relajarse y conectar con los demás. Tomá un té (helado) de jengibre y canela o una gran taza de té verde, salí a caminar, cociná algo rico y saludable o hacé cinco minutos de meditación. El disfrute y el bienestar se pueden encontrar en muchas formas. Eso no quiere decir que no puedas tomarte una copa de vez en cuando, pero al menos sabemos que no es algo que mejore la salud!

 
 
 

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